Hubo un tiempo en que Moto Guzzi era sinónimo de velocidad, de carreras, de gloria y de muchas victorias en los circuitos de velocidad de todo el mundo. Hubo un tiempo en que los modelos deportivos de esta mítica marca se bautizaban como "Corsa" o "Sport" y más adelante con los nombres de algunos circuitos emblemáticos como Le Mans, Monza o Lario.
En la producción actual ya no hay modelos deportivos, pero algunos de ellos conservan todavía el alma y el pedigrí de las motos que ganaban carreras y establecían récords de velocidad y resistencia en los años dorados de la marca del águila. Aunque su imagen no lo aparenta, debajo de su discutible estética cústom/naked la Bellagio esconde un carácter de moto deportiva tal como se entendía hace unos años, con unas cualidades dinámicas sorprendentes.
Su motor de carrera corta es muy brillante, vibra poquísimo, tiene una respuesta contundente y entrega la potencia de manera lineal, sin picos ni agujeros. La combinación de su excelente chasis con suspensiones de buena calidad, sistema Carc en la transmisión, y unos frenos muy potentes la convierten en la moto ideal para las curvas de un puerto de montaña o entre los pianos de un circuito.
El único problema es que su estética no concuerda con su carácter.
Con esta premisa nació la idea de transformar la dócil Bellagio en una agresiva "racer" con aire setentero.
El chasis se modificó para poder anclar los soportes del semicarenado y se fabricó un nuevo subchasis para el asiento monoplaza.
Se modificó el recorrido de los tubos de escape para mantener los silenciosos originales con una diferente inclinación, fabricando unos nuevos soportes en tubo de acero.
Para adaptar el depósito de gasolina en aluminio hubo que modificar todo el sistema de alimentación de la inyección, montando una bomba de gasolina externa, filtro de cartucho, un regulador de presión especial y toda la tubería nueva. Se eliminó la caja de filtro de aire sustituyéndola por filtros de potencia y un respiradero especial para los gases del motor (que acaban en una lata de cerveza...).
Las estriberas originales estaban demasiado adelantadas para la nueva posición del piloto así que hubo que diseñar y fabricar unas específicas para esta moto fresando los soportes y las palancas en aluminio. Las tapas de balancines pulidas provienen de una California 1100 y a estas acoplamos unas defensas en aluminio previamente adaptadas. Los semimanillares son de competición fabricados en ligero tubo de cromo-molibdeno y se modificaron los anclajes del cuadro de relojes reajustando todo el cableado y mandos.
Una vez terminada decidimos llamarla "El Jarama". Como homenaje a una época en que las Guzzi eran motos con una estética agresiva y potente, con el nombre del mítico circuito que en el siglo pasado fue el templo de la velocidad en España.